• Sergio Bezares
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La lección de negocios que aprendí de un café

Ayer me pasó algo que no tiene nada que ver con el café, aunque la historia empiece precisamente por ahí.

Se me rompió la cafetera hace unos días, y mi vida se complicó. En lugar de liarme a buscar por internet, me acordé de un tostador de café local que sigo en Instagram. Ya sabéis, el poder de la marca personal: cuando necesitas algo, la gente se acuerda de ti. Le escribí, y para mi sorpresa, me abrió las puertas de su pequeño taller.

No, él no arregla cafeteras. Pero quiso ayudarme. ¿La razón? Simple, y a la vez brillante: si yo sigo teniendo cafetera, voy a seguir comprando café. Y si me ayuda, es probable que se lo compre a él. Puro marketing en estado base.

Pero la lección más potente no fue esa.

Mientras me ayudaba, le conté que estaba un poco estresado. Varias campañas de cold email, un rebranding completo para una startup, dos auditorías de marca, un par de líos personales y, para colmo, sin café. Me miró, sonrió y soltó una frase que me desarmó por completo:

“Cuando preparo un espresso de especialidad y no sale como quiero, ajusto un solo parámetro a la vez.”

Me quedé en blanco. ¿Cómo?

Me explicó que si el café sale muy lento, no cambia la molienda, la temperatura y el tueste a la vez. Lo que hace es solo un cambio: quizá la molienda un poco más gruesa. Y nada más. Un solo ajuste para ver si eso soluciona el problema.

Y en ese momento, lo entendí todo.

Los negocios (y la vida) son como un buen espresso. Si tocas todas las variables al mismo tiempo, nunca sabrás qué es lo que de verdad está marcando la diferencia.

Yo el café se lo dejo a los especialistas. Y si lo que quieres es una marca lista para vender y atraer clientes en días (no en meses), escríbeme.

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